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Un pueblo abandonado

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por 
Serge Halimi
Director de Le Monde diplomatique, París

Tanto la Unión Europea como Estados Unidos callaron ante el intenso bombardeo al que fue sometida la Franja de Gaza durante más de veinte días, dando carta blanca a Israel para actuar con impunidad y desoír a la “comunidad internacional”, cuya intervención siempre se reclama. Israel fomenta desde hace años el ascenso de Hamas, contra la Autoridad Palestina, alegando la ausencia de un “socio para la paz”.

El pasado 14 de enero, luego de que más de mil palestinos encerrados en una estrecha franja de tierra y sometidos al intenso bombardeo –terrestre, marítimo, aéreo– de uno de los ejércitos más poderosos del mundo fueran muertos por las tropas israelíes, luego de que una escuela palestina convertida en refugio de las Naciones Unidas fuera bombardeada (1), luego de que una resolución de la única organización que representa verdaderamente a esa “comunidad internacional” que se evoca permanentemente hubiese reclamado, en vano, el cese de las operaciones militares en Gaza, el 14 de enero pues, la Unión Europea mostró con cuánta determinación podía reaccionar ante ese desencadenamiento mezclado de violencia y de arrogancia. Decidió... ¡marcar una pausa en su proceso de acercamiento a Israel! No obstante, para atenuar el impacto de lo que a pesar de todo corría el riesgo de quedar como un silbido de reprobación hacia Tel-Aviv, hizo saber que se trataba en ese caso de una medida “técnica”, y no “política”. Y que la decisión había sido tomada por “ambas partes”.

Israel tiene carta blanca. Su ejército ya había destruido con anterioridad la mayoría de las infraestructuras palestinas financiadas por la Unión. Apenas una reacción, ningún recurso jurídico, ningún pedido de reparación (2). Luego Israel impuso un bloqueo a una población pobre, privada de agua, de alimentos, de medicamentos. Aún nada, sino la sempiterna reprimenda que iguala a los protagonistas con el pretexto de que la violencia del más fuerte no siempre viene acompañada por la sumisión del más débil. ¿Por qué entonces Israel habría de imaginar que su impunidad iba a terminarse?

Por otra parte, hace veinte años, el Estado hebreo había tomado sus precauciones al fomentar, contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el ascenso de un adversario soñado, Hamas, con una declaración de principios medieval, una eficacia militar incierta, y que no busca “comunicar” para la opinión pública occidental. Ahora, cuando lo que se busca es bombardear y colonizar sin trabas, nada como el pretexto de no tener un “socio para la paz”.

Asimismo, nada contraría los designios del gobierno de Tel-Aviv en Estados Unidos. El 9 de enero, una resolución de la Cámara de los Representantes le reconoció “el derecho a defenderse contra los ataques provenientes de Gaza”. Unas horas antes, el Senado había “reafirmado el apoyo determinado de Estados Unidos a Israel en su batalla contra Hamas”. Seguramente para cuidar el “equilibrio”, la primera resolución presentaba también “sus condolencias a las víctimas inocentes palestinas y a sus familias”. Fue adoptada por trescientos noventa votos contra cinco. La segunda, por unanimidad. El frente del Ejecutivo estadounidense también está bien controlado. De hecho, algunas horas después de haber anunciado un cese del fuego unilateral, Ehud Olmert llamó al Presidente de Estados Unidos para agradecerle su apoyo. Éste se expresa también a través de una ayuda financiera anual, no reembolsable, de 3.000 millones de dólares. Hace tiempo que nadie, no más Obama que otros, siquiera considera ponerla en cuestión.

Con estos respaldos, el proyecto de los grandes partidos israelíes parece claro: destruir la perspectiva de un verdadero Estado palestino cuya creación es un objetivo reconocido internacionalmente. Cortada por muros y barreras, plagada de colonias, Cisjordania seguirá siendo un conglomerado de bantustanes mantenido por goteo por la Unión Europea. Y Gaza será bombardeada cada vez que su vecino decida “responder”, de manera desproporcionada, a atentados o tiros de cohetes. En el fondo, tras sesenta y un años de derrotas, de humillaciones, de exilios, de violaciones a los acuerdos firmados, de colonización, de guerras fratricidas, cuando los gobiernos del mundo entero los abandonaron a su suerte y autorizaron que el derecho internacional, incluido el humanitario, fuese pisoteado, es casi un milagro que los palestinos conserven la determinación de concretar un día su identidad nacional.

Si lo logran, no se lo deberán ni a los europeos, ni a los estadounidenses, ni a la mayoría de los gobiernos árabes. En Gaza, una vez más, todos se comportaron como cómplices del interminable despojo de un pueblo.

Traducción: Pablo Stancanelli


1 “Bueno, hubo algunos inconvenientes”, concedió Avi Pazner, portavoz del gobierno israelí, France Inter, 8-1-09.
2 Pierre Avril, “L’Europe paie, Israël détruit”, Le Figaro, 16-1-09.
3 Laurent Joffrin, “Victimes”, Libération, 29-12-08.